domingo, 29 de julio de 1979

Juan Luna Azol - Jesús Emilio Pérez Palma y Guadalupe Redondo Vian

El 29 de julio de 1979 a las 13.15 horas, una tercera bomba explotaba en la oficina de facturación de coches-cama en la estación de Atocha, detrás de la caseta de información a los viajeros y, como las otras dos, en una cabina de consigna de equipajes. La explosión provocó la muerte en el acto del guardia civil JUAN LUNA AZOL y del ama de casa GUADALUPE REDONDO VIAN, y la del joven JESÚS EMILIO PÉREZ PALMA, que falleció pocas horas después en la residencia sanitaria Primero de Octubre. El marido de Guadalupe, Dionisio Rey Amez, falleció cuatro días después, el 2 de agosto. También resultó herida grave la hija de ambos, Carmen Rey Redondo. Esta tercera explosión provocó más de cuarenta heridos, alguno en estado grave o muy grave, que fueron trasladados al Hospital Primero de Octubre.


Juan Luna Azol, guardia civil retirado de 53 años, era natural de Jaén. Fue una de las cuatro víctimas mortales que provocó la bomba que estalló en la estación de Atocha.

Jesús Emilio Pérez Palma falleció en la residencia sanitaria Primero de Octubre horas después de quedar gravemente herido por la bomba que estalló en la estación de Atocha.

Guadalupe Redondo Vian, ama de casa de 59 años, falleció en el acto por la explosión de la bomba que estalló en la estación de Atocha. Su marido, Dionisio Rey Amez, falleció cuatro días después, mientras que su hija, Carmen Rey Redondo, fue ingresada en La Paz en estado grave con traumatismo craneoencefálico, aunque consiguió salvar la vida.

Chema Arconada, uno de los supervivientes de la bomba de Atocha, comentó al diario El Mundo el 4 de febrero de 2007, con ocasión de la manifestación del Foro de Ermua en Madrid, que no puede volver a su Mondragón natal desde que su condición de víctima de la banda le hizo tomar conciencia de la necesidad de movilizarse para reivindicar sus derechos, por lo que se fue a vivir a Palencia. El 29 de julio de 1979 tenía 20 años y estaba en Atocha esperando el TALGO que le iba a llevar a Sevilla. Para Chema, lo peor es que no pudo volver a practicar su afición favorita: la espeleología. "Cuando volví a Mondragón, me recibieron como si nada. Un daño colateral de su lucha", rememoró. A juicio de Chema, ETA "ya sólo es una mafia, pero si quieres vivir bien allí, tienes que ser como ellos". "Las víctimas somos gente independiente que quiere vivir en paz, pero también en libertad".
la vida.

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Es fundamental recordar y honrar a todas las personas que perdieron la vida o resultaron afectadas por los actos violentos perpetrados por ETA. Cada una de estas víctimas merece nuestro respeto y solidaridad.